Fedro.- Vengo Sócrates de casa de Lisias, hijo de Céfalo, y voy a pasearme fuera de muros; porque he pasado toda la mañana sentado junto a Lisias, y siguiento el precepto de Acumenos, tu amigo y mio, me paseo por las vías públicas, porque dice que proporcionan mayor recreo y salubridad que las carreras y el gimnasio.
Sócrates.- ¿Y cuál fue vuestra conversación? Sin duda Lisias te regalaría algún discurso.
Fedro.- Tu lo sabrás, si no te apura el tiempo y si me acompañas y me escuchas.
Fedro.- Pues bien, doy principio...Pero verdaderamente, Sócrates, yo no puedo responder de darte a conocer el discurso palabra por palabra. En medio de que me cuerdo muy bien de todos los argumentos que Lisias hace valer para preferir el amigo frío al amante apasionado; y voy a referírtelos en resumen y por su orden. Comienzo por el primero.
"...los amantes, desde el momento en que se ven satisfechos, se arrepienten ya de todo lo que han hecho por el objeto de su pasión. Pero los que no tienen amor no tienen jamás de que arrepentirse, porque no es la fuerza de la pasión la que les ha movido a hacer a su amigo todo el bien que han podido, sino que han obrado libremente, juzgando que servían así a sus más caros intereses"
"Se alegará quizá en favor del amante que su amor es más vivo que una amistad ordinaria, que está siempre dispuesto a decir o hacer lo que puede ser agradable a la persona que ama y arrostrar por ella el odio de todos; pero es fácil conocer lo falaz de este elogio, puesto que; si su pasión llega a mudar de objeto no dudará en sacrificar sus antiguos amores a los nuevos, y, si el que ama hoy se lo exige hasta perjudicar al que amaba ayer
No hay comentarios:
Publicar un comentario